“No pude cerrar mis ojos y seguir como si nada”: misioneras invitan a estudiantes UC a vivir experiencia en Etiopía
Integrantes de la Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol visitaron la Pastoral UC para compartir su experiencia en Muke Turi, un poblado etíope marcado por la pobreza extrema, la desnutrición y la falta de acceso al agua. Las misioneras pertenecientes a la Fundación Amigos de Etiopía trabajan impulsando pozos de agua, huertos comunitarios y centros de nutrición.
En Muke Turi, un poblado rural de Etiopía, muchas familias viven enfrentando la pobreza extrema, la desnutrición y la escasez de agua potable. Allí, la labor de las misioneras de la Fundación Amigos de Etiopía y de la Comunidad Misionera San Pablo Apóstol se ha transformado en un apoyo fundamental para cientos de personas. A través de pozos de agua, centros de nutrición, huertos y espacios educativos, las misioneras acompañan diariamente a niños, madres y comunidades enteras, integrando ayuda humanitaria y evangelización.
Esta experiencia fue compartida recientemente en la Pastoral UC, donde invitaron a estudiantes a vivir una experiencia de misión en África. Lourdes Larruy y Esther Kerubo, misioneras laicas, invitaron a los jóvenes a participar como voluntarios en misiones que buscan acompañar a comunidades vulnerables desde la fe y la dignidad humana. Las expositoras relataron cómo su trabajo se ha enfocado en responder a necesidades urgentes, como el acceso al agua, la alimentación y la educación.
La misión en Muke Turi se desarrolla principalmente a través de programas de nutrición y educación. Las misioneras acompañan a niños con cuadros severos de desnutrición, además de apoyar a madres que llegan diariamente buscando alimento y atención para sus familias. En paralelo, impulsan espacios formativos donde enseñan inglés, conocimientos básicos y religión católica.

“Me siento satisfecha, porque lo que quiero es a acompañar a la gente. Diariamente me relaciono con niños desnutridos en los comedores que tenemos y con las madres que se nos acercan”, explicó Esther Kerubo, misionera keniana que actualmente vive en Etiopía.
Kerubo relató que su vocación nació tras conocer la realidad del norte de Etiopía y enfrentarse directamente con situaciones de pobreza que antes solo veía en noticias. “No pude cerrar mis ojos y seguir. Pensé: si puedo dar algo o compartir algo, tengo que hacerlo. Quizás no pueda cambiar el mundo, pero sí la vida de personas concretas que tienen nombres”, afirmó.
“Lo primero que pienso cada día es cómo voy a acompañar a la gente de Muke Turi. Hay que intentar mirar con los ojos de Dios, porque Dios está en cada persona que encontramos día a día. Estoy muy feliz porque siento que estamos construyendo el Reino de Dios donde estamos”, señala.
“Hay que intentar mirar con los ojos de Dios, porque Dios está en cada persona que encontramos día a día” – Esther Kerubo

La importancia de un pozo
La Comunidad Misionera de San Pablo Apóstol desarrolla su labor en distintos países de África, Asia y América Latina, incluyendo Kenia, Etiopía, Malawi, Sudán del Sur, Filipinas, México y Colombia. Su trabajo busca integrar el anuncio del Evangelio con acciones concretas de promoción humana y desarrollo comunitario.
En ese contexto, la construcción de pozos de agua y la enseñanza de técnicas de cultivo se han convertido en parte central de la misión. Las comunidades reciben herramientas para producir alimentos y mejorar sus condiciones de vida, mientras las misioneras acompañan espiritualmente a las familias.
“Parte de ese amor pasa por hacer pozos, que la gente tenga agua, huertos, que la gente tenga de comer. Entonces, al final, eso es anunciar que todo eso lo hacemos por amor a Dios”, señaló Lourdes Larruy, misionera española que vive hace más de veinte años en África.
Larruy agregó que la evangelización y la ayuda social forman parte de una misma misión. “Para mí el trabajo está junto. Hacer pozos y educar a preescolares es evangelizar. No son dos cosas separadas, es que va junto”, sostuvo.

Jóvenes interpelados
Durante el encuentro en la Pastoral UC, las misioneras también invitaron a los estudiantes a participar como voluntarios y conocer de cerca la realidad de las comunidades africanas. La experiencia, explicaron, busca generar conciencia sobre las desigualdades globales y promover una cultura de solidaridad y servicio.
“Es importante que todos se puedan dar una oportunidad de conocer qué está pasando en un lugar del mundo tan diferente. También para ver lo mucho que hemos recibido y conocer lo que está haciendo la Iglesia en estos lugares”, expresó Lourdes Larruy ante los estudiantes.
Las misioneras destacaron además que estas experiencias no solo transforman a las comunidades acompañadas, sino también a quienes participan en ellas. “Es una súper oportunidad que hace que crezcas como ser humano y que tiene un efecto realmente colectivo”, concluyó Lourdes.
Por su parte, Esther recalcó: “Es importante poder compartir con los demás para que tengan una vida digna. Nosotras caminamos sabiendo que Dios nos ama a todas, no importa quién eres ni de dónde vienes, el amor de Dios es para todas”.
