El compromiso de volver: Trabajo País retoma y finaliza sus trabajos de invierno

25 de Septiembre 2026

Tras la suspensión anticipada de los trabajos de invierno producto del temporal de julio, alrededor de 500 voluntarios regresaron durante septiembre a 25 comunidades del país para finalizar las obras pendientes. El reencuentro permitió completar construcciones e inaugurar nuevos espacios, pero sobre todo retomar los vínculos y cumplir el compromiso asumido con cada comunidad.

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En julio, el sistema frontal que afectó a distintas regiones de Chile obligó a suspender anticipadamente los trabajos de invierno de Trabajo País. Frente a las condiciones climáticas y priorizando la seguridad de los voluntarios, cientos de estudiantes debieron regresar antes de lo previsto, dejando construcciones sin terminar y una experiencia que, para muchos, parecía haber quedado interrumpida.

Dos meses después, más de 500 voluntarios volvieron a 25 comunidades entre las regiones de Coquimbo y Los Lagos para retomar lo que habían comenzado. Durante la segunda salida, entre el 10 y 14 de septiembre, los jóvenes pudieron completar las obras pendientes, pero sobre todo reencontrarse con las personas que los habían recibido durante el invierno y retomar esos vínculos con la comunidad.

El regreso permitió dar continuidad a un trabajo que no se limitaba únicamente a levantar capillas, salones parroquiales y espacios comunitarios. Para Agustina Cases, coordinadora general de Trabajo País 2026, esta experiencia permitió entender con mayor profundidad uno de los sentidos centrales del proyecto. “Trabajo País es mucho más que una cantidad de días, mucho más que una experiencia de trabajo. Trabajo País es un compromiso con una comunidad. Y ese sentido del proyecto tomó más fuerza que nunca”.

Más allá de la construcción

Durante los meses que separaron ambas salidas, las mismas comunidades siguieron avanzando en las construcciones junto a maestros y vecinos de cada localidad. Por eso, cuando los voluntarios regresaron en septiembre, en muchas zonas quedaban trabajos menores por finalizar y así una parte importante de los días pudo destinarse al encuentro, las actividades comunitarias y las ceremonias de inauguración.

Volver significaba terminar las construcciones comprometidas, pero también hacerse cargo de una dimensión menos visible de Trabajo País. Los días compartidos durante el invierno habían dado origen a vínculos que el temporal obligó a interrumpir y que ahora podían retomarse.

“Trabajo País es un proyecto que acompaña la soledad. Entonces no servía de nada si solo habíamos hecho una parte de la construcción; también teníamos que terminar lo que partimos en cuanto a los vínculos que se forman y el acompañamiento de la comunidad”, señala Agustina.

Ese compromiso se hizo visible también en la respuesta activa de los propios estudiantes. En una de las zonas, por ejemplo, 27 de los 32 voluntarios que habían participado durante el invierno volvieron en septiembre. Allí, el desafío era terminar una capilla que había sido destruida por los incendios del verano y cuya reconstrucción era especialmente esperada por sus habitantes.

Para Benjamín Abumohor, jefe de la zona en Concepción, la disposición de los jóvenes a regresar fue una de las experiencias que más lo marcó. Muchos de ellos, en medio de sus estudios y otras obligaciones, decidieron destinar nuevamente parte de su tiempo a terminar el trabajo que habían asumido con la comunidad.

“Desde el primer momento en que nos fuimos, los voluntarios estuvieron con total disponibilidad para volver. Al llegar tenían toda la energía de querer construir, de querer levantar esa capilla para poder darle a la comunidad lo que prometimos”, recuerda.

Cuando el servicio se vuelve recíproco

La segunda salida también reflejó la iniciativa de las propias comunidades. En distintas zonas, vecinos habían continuado trabajando durante los meses anteriores y, una vez que los estudiantes volvieron, participaron junto a ellos en los últimos días de construcción.

En la zona Nuestra Señora de Guadalupe en Concepción, esa colaboración fue especialmente estrecha. Cada jornada, vecinos se acercaban a trabajar en la capilla, mientras otras personas se organizaban para recibir a los voluntarios, prepararles comida y compartir con ellos. La relación que se había formado, sin embargo, venía desde antes. La comunidad había sufrido duramente los incendios del verano. Además de la capilla, distintas familias habían perdido sus viviendas y todavía se encontraban reconstruyéndolas cuando llegaron los voluntarios de Trabajo País. Pese a sus propias dificultades, cuando el temporal de julio obligó a los jóvenes a abandonar anticipadamente la zona, fueron los mismos vecinos quienes se preocuparon de acompañarlos.

“Ellos fueron los que se preocuparon más por ver que nosotros estuviéramos bien, consolaron a los voluntarios y estuvieron siempre presentes para demostrarnos que tenían fe de que esto iba a ser para mejor”, cuenta Benjamín Abumohor.

La experiencia terminó mostrando una dimensión distinta del servicio. Los estudiantes habían llegado con la intención de construir para una comunidad y se encontraron, a su vez, con personas que trabajaron junto a ellos, los recibieron en sus casas y los acompañaron en un momento de frustración. El encuentro dejó de estar marcado únicamente por aquello que los voluntarios podían entregar y pasó también por aquello que podían recibir y aprender de otros.

Llevar lo aprendido a la vida diaria

La vuelta de septiembre permitió inaugurar las obras y cerrar una experiencia que, dos meses antes, había terminado de una manera completamente distinta a la planificada. Lo que inicialmente había sido vivido con frustración fue tomando otro sentido a medida que los voluntarios pudieron regresar y reencontrarse con las comunidades.

Para el equipo de Trabajo País, ese cambio de planes se convirtió también en uno de los aprendizajes de este año. “Uno propone y Dios dispone. A veces pasan cosas que uno no entiende y hay que entregarse a los planes de Dios y aprender a vivir mucho más entregado. Así es la vida en general, y eso es algo que hemos reflexionado mucho con el consejo”, explica Agustina.

Con la vuelta a la universidad y a la rutina, empieza otro desafío: llevar lo vivido más allá de Trabajo País, aprendiendo a ver a Dios en el servicio y en los encuentros de cada día. “Esperamos que los voluntarios puedan reflexionar sobre lo vivido y llevarse los aprendizajes de Trabajo País a la vida diaria”, concluye Agustina.