Debate por presencia de niños en misa: propuestas para una participación más activa y acogedora
Una serie de carta publicadas en la prensa han evidenciado la incomodidad que provoca en algunos feligreses el comportamiento de niños pequeños durante la ceremonia, así como la dificultad de los padres para mantenerlos tranquilos y en silencio. Expertos eclesiales subrayan que la participación de los niños en esta instancia es fundamental para su formación en la fe y llaman a fortalecer una cultura de acogida entre los fieles.
La presencia de niños en distintos espacios que frecuentan los adultos –desde restaurantes hasta las áreas comunes de los edificios durante la pandemia– ha sido tema de debate en diferentes momentos en el país. Ahora la tensión se ha trasladado a las iglesias, luego de que un padre publicara una carta, donde evidencia la incomodidad que manifiestan otros feligreses cuando sus hijos pequeños no permanecen tranquilos o en silencio durante las misas.
“Somos una familia que quiere educar a sus hijos en la fe católica y, por lo mismo, hacemos el esfuerzo de llevarlos a misa desde pequeños. Pero los niños son niños: se inquietan, juegan, lloran y algunas veces simplemente son incontrolables (…) Lo que resulta difícil es sentir las miradas de molestia de otros feligreses”, señala Joaquín Montero Tagle, en una carta que se publicó esta semana en El Mercurio. Agrega que “muchos sacerdotes nos han insistido en que debemos llevar a nuestros hijos a misa, aunque sean pequeños y se porten mal, porque es fundamental que crezcan en la fe. Por eso creo que debemos preguntarnos si realmente estamos acogiendo a las familias jóvenes”.
El mensaje abrió un debate a través de ese medio, donde se evidencia una tensión entre el recogimiento propio de la celebración y las dinámicas de la vida familiar. La discusión pone sobre la mesa una pregunta relevante para la vida eclesial: ¿cómo pueden las comunidades recibir y acompañar mejor a las familias con niños pequeños?
Material didáctico para acercar el Evangelio
Para la Iglesia, la participación de los niños en la misa no solo es deseable, sino que constituye una parte fundamental de su formación espiritual y de su integración a la vida comunitaria. Lejos de ver su presencia como un problema, especialistas y responsables pastorales sostienen que los niños deben ser protagonistas en la vida de la Iglesia y que las comunidades están llamadas a facilitar su participación.
Desde el Arzobispado de Santiago, la delegada episcopal para la Familia y la Vida, Bernardita Prado, explica a Visión Universitaria que uno de los focos pastorales actuales es fortalecer el vínculo entre infancia y fe. En ese contexto, destaca que el nuevo Plan Pastoral contempla diversas iniciativas orientadas a las familias y a los niños. Entre las propuestas del Arzobispado destaca la creación de una pastoral de la infancia y el fortalecimiento de la participación familiar en la Eucaristía dominical.
Según Prado, la misa debe volver a ocupar un lugar central en la vida de las comunidades y de las familias. “El plan también propone revitalizar la misa del domingo, para que sea el centro de la evangelización y acompañamiento de las familias. La vida de hoy, con todos sus desafíos y dificultades, adquiere un sentido profundo desde la fe y el encuentro con Jesús resucitado. Esa es la mejor formación y herencia que podemos entregar a los niños para que sean personas de bien”, señala.
La delegada episcopal detalla que una de las iniciativas concretas es el proyecto “Los amigos de Jesús”, que entregará material para colorear relacionado con el Evangelio dominical. “Se enviará un set a las parroquias con hojas impresas con motivos relativos al evangelio del domingo para colorear. También se incluirá un propósito para que el niño pueda ofrecer y pedir domingo a domingo. Al final del año se pueden exponer los dibujos”, explica.

Una responsabilidad compartida
Para la Iglesia Católica, la presencia de niños en misa no debe entenderse únicamente como una tarea de los padres. También implica un compromiso de toda la comunidad parroquial para generar espacios de acogida y acompañamiento.
En esa línea, Bernardita Prado afirma que “queremos promover en las comunidades parroquiales que cada domingo se viva el don de la acogida, donde todos se sientan parte de una misma familia. Cuando los niños que asisten a misa son responsabilidad de todos, es más fácil su cuidado“. La invitación apunta a construir entornos donde las familias se sientan valoradas y apoyadas.
Asimismo, recuerda el llamado realizado por el cardenal Fernando Chomali a fortalecer los lazos comunitarios. En su carta a las familias, el arzobispo destaca que la parroquia está llamada a ser mucho más que un lugar de celebraciones, transformándose en un espacio de acompañamiento, escucha, orientación y apoyo para las distintas etapas de la vida familiar.
Preparar celebraciones especialmente orientadas a niños
El académico de la Facultad de Teología UC, presbítero Pablo Arteaga, sostiene que la presencia de niños en la Eucaristía encuentra su fundamento en el propio Evangelio y en la invitación de Jesús a que los más pequeños se acerquen a Él.
“Cuando un grupo de niños se acercó a Jesús, los apóstoles, pensando que eso podía incomodarle al Señor, intentaron alejar a los niños. Pero Jesús les dijo la siguiente frase: ‘Dejen que los niños vengan a mí’. Así, nosotros, como Iglesia Católica, queremos que los niños participen de la misa y creemos que les hace un gran bien a los niños acercarse a Jesús, participar de la misa y estar junto a su familia en la Eucaristía dominical”, afirma.
Arteaga reconoce que facilitar esta participación supone un desafío para sacerdotes, catequistas, agentes pastorales y familias. “Es un desafío para toda la comunidad que debiera alegrarse de que los niños estén en la misa y buscar los métodos y los modos en que eso no signifique un problema ni una gran distracción para los adultos”. Para ello, propone fortalecer la catequesis, preparar celebraciones especialmente orientadas a los niños y utilizar recursos pedagógicos que les permitan comprender mejor la liturgia.
En esa línea, Mario Solari compartió -también en una carta a El Mercurio- “una experiencia que demuestra que sí es posible hacer de la celebración dominical un espacio donde los niños sean protagonistas y se sientan plenamente acogidos”.
Contó que “en la parroquia Nuestra Señora del Rosario, en Las Condes, celebramos todos los domingos, a las 10:00, una misa especial para los niños y sus familias“. “La asistencia es muy numerosa y, lo más importante, los niños participan activamente en la celebración”. Son los niños quienes “leen las lecturas, pasan la colecta, suben al altar para rezar juntos el Padre Nuestro y participan con entusiasmo en los cantos y, al momento de la comunión, quienes todavía no han recibido este sacramento reciben una bendición”.
“Sería bueno que muchas otras parroquias se animaran a hacer experiencias semejantes. Debemos crear espacios en los que los niños puedan participar, aprender y descubrir que tienen un lugar importante en la Iglesia. Los niños no son una molestia en la misa. Son parte viva de la Iglesia y de su futuro, y pueden enseñarnos también a los adultos a celebrar la fe con entusiasmo y alegría“, subrayó.
