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Religiosa residente en Siria cuenta cómo es vivir en Alepo en un contexto de guerra

Fecha de publicación: 19-8-16

Llegó a Alepo para recuperarse de una enfermedad. En ese entonces, esta ciudad ubicada en Oriente Medio y que hoy se encuentra en guerra, era un “oasis de convivencia entre cristianos y musulmanes”, tal como ella lo describe. Hoy en día, Alepo es tristemente célebre por el conflicto armado que sostiene desde julio del 2012.

La hermana María Guadalupe es de San Luis, ciudad argentina ubicada a unos 300 kilómetros de Mendoza. Ya a los 18 años, estando en la universidad, decidió hacerse monja de la Familia Religiosa del Verbo Encarnado, congregación misionera que cinco años más tarde le propone partir a Medio Oriente. Primero estuvo en Palestina, luego en Egipto, y finalmente en Siria donde “la situación era tan pacífica que lo más lejano que podía imaginarse en ese país era una guerra”. Pero la guerra llegó y de la forma más cruda.

Según la religiosa, se trata de un conflicto que no nació en la calle, sino que se planeó provocando a sectores opositores al gobierno a través de grupos terroristas. “Mientras la televisión mostraba que los sirios ‘pacíficamente’ salen a la calle pidiendo democracia lo que los familiares de nuestros estudiantes contaban era otra cosa, totalmente distinta. Ellos veían grupos armados, de otros pueblos, que creaban disturbios en las calles, descuartizando cristianos dejándolos en bolsas de basura, en contenedores, con un cartel que decía ‘No tocar, es cristiano’”, cuenta.

Luego de que la Unión Europea haya realizado un embargo y cesado la actividad financiera en Siria, la ciudad quedó prácticamente sitiada, lo que provocó entre otras cosas, la falta de combustible, gas, alimento, electricidad y agua. Así, los habitantes deben hacer su día a día con dos horas diarias de luz, si es que llega, y con servicios de agua una vez a la semana. “Cuando una mamá sale a comprar pan se despide de su familia, porque no sabe si va a volver, porque salir afuera es arriesgado, especialmente en los barrios cristianos”, explica.

Además de la escasez, las explosiones se han hecho tan frecuentes que en algunos sectores ocurren cada 20 minutos, según cuenta la religiosa. “No se ven ambulancias, sólo camiones y camionetas. En unos se apilan los cuerpos que pareciera que están vivos, en otra se recolectan, en bolsas de basura, restos de seres humanos. Para reconocer víctimas la gente tiene que ir bolsa, por bolsa”, dice.

 

Los afortunados de Siria

“Dónde estará lloviendo hoy”, pregunta la gente de Alepo al escuchar ataques con proyectiles. Ahí han aprendido a cruzar las calles corriendo y siempre en grupo, en caso de que si a uno le llega una bala, otro va a estar ahí para socorrerlo. Los habitantes, especialmente los cristianos, de Alepo enfrentan a la muerte día a día, pero según la religiosa, tanto para ella como para su comunidad este no es un motivo de angustia.

“Los cristianos, ciertamente, la están pasando muy mal. Pero están dando un testimonio supremo de fe. Cuando a mí me dicen ‘pobre gente, ¡lo que está viviendo allá!’. Sí, pobre gente porque no debe haber un sufrimiento comparable a éste. Pero en otro sentido pienso ‘qué privilegiados son’. Ellos tienen clara cuál es la única razón por la que uno debe estar dispuesto a vivir y es que vamos a morir”, cuenta.

Según la religiosa, las comunidades cristianas de Alepo han hecho una elección definitiva, y es Jesucristo. “Miren que son privilegiados, es como si ya tuvieran el cielo asegurado. Por eso nuestros jóvenes dicen en la parroquia: ‘que entren y que me corten la cabeza. Porque yo soy cristiano y no voy a dejar de serlo. El cielo no me lo quitan’”.

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Fuente: Rafael Zanetta B.

Dirección de Comunicaciones UC.