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La Tirana por Luis Prato

Fecha de publicación: 28-7-16 Por cuarto año consecutivo se realizó la Residencia Móvil La Tirana en la que participaron alumnos y docentes de Arte, Música, Teatro, College y, por primera vez, un académico de Teología.

En la IV Residencia Móvil La Tirana, organizada en conjunto por la Facultad de Artes y la Pastoral UC, miembros de la universidad fueron parte de una de las celebraciones de piedad popular más importantes de Chile, La Tirana, donde pudieron ahondar en el misterio de la fe y la devoción mariana en una experiencia vivida.

El decano de la Facultad de Artes , Luis Prato, fue parte de esta experiencia y cuenta sobre el proyecto y su relación entre las artes y lo religioso.

-¿Cómo surgió la Residencia Móvil La Tirana?

La iniciativa surgió a partir de una idea conjunta entre la ex-alumna de la Escuela de Arte, Catalina Mansilla y el padre Denis Cardinaux, de Pastoral. Ellos fueron los que pensaron en esto. Catalina Mansilla vino a conversar conmigo -en ese momento era Director de la Escuela de Arte- y se hizo cargo de este proyecto. A partir de ahí, el proyecto contó con la participación de ambas instituciones (Escuela de Arte y Pastoral UC). Más tarde, se unieron otras personas que han sido relevantes en el proyecto como Consuelo Altamirano.

Tuve la certeza de que eso era muy necesario porque había llegado a la convicción de que experiencias fuertes, potentes de conexión con la realidad, experiencias patrimoniales y de identidad nacional muy fuerte era necesario experimentar.

-¿Por qué a la facultad le interesa ir al terreno? ¿Qué le aporta?

Nada va a reemplazar nunca la experiencia directa. Dos situaciones que son claves de por qué hoy dia me parece importante que esta actividad permanezca y siga.

Desde el desarrollo con las artes, el vínculo con la realidad debe ser una experiencia directa y no un lugar común. El artista muchas veces se queda en el lugar común pero es muy distinto ver la realidad cara a cara, cuando uno se encuentra con personas y las mira a los ojos, uno entiende recién un pedacito de una realidad que es misteriosa y se nos esconde de la comprensión pero que estando en su presencia tiene una contundencia que de otra manera no tenemos. Es fundamental para un artista aproximarse a la realidad, una realidad no filtrada sino que directa, por eso es una convicción mía que tenemos que fomentar este tipo de encuentros con la realidad.

En la fiesta de La Tirana pasa eso. Uno se encuentra de frente ante una experiencia sensorial que no es arte en el sentido que le damos a la palabra, podríamos decir que son expresiones populares de arte pero que tienen una validez enorme porque son reflejo, son expresiones de la vivencia profunda, espiritual de las personas y que no admiten juicios, son el gran misterio de esas personas y ese misterio es Dios. A ese misterio uno sólo se puede aproximar con la humildad de estar frente a él y esa experiencia es para cualquiera, no sólo para jóvenes católicos, es para cualquiera que se quiera preguntar en qué lugar estoy y esta experiencia donde se congrega la fuerza, la contundencia, la intensidad de esa vida comunitaria de la fiesta provoca en las personas, empuja a que nosotros sensibilicemos nuestra mirada a cualquiera. Cualquiera que vaya a La Tirana sale cambiado.

-¿Cómo las artes pueden inspirarse a partir de la fe?

La fe puede ser inspiración de las artes tanto como las artes pueden ser inspiración de la fe. En la medida en que las artes son una ventana a la trascendencia de Dios, eso es una inspiración de fe, la fe es inspiradora en el arte. Yo creo en la medida en que es una fuente de una convicción profunda del rol del artista. Un artista con fe sabe que está aportando a la construcción de ventanas que revelan la presencia de Dios en la tierra.

Un artista sin fe lo hace igual pero sin saberlo. Un artista que no tiene fe igual aporta a todos los que estamos en su entorno una experiencia de lo sagrado, una experiencia de Dios en la tierra porque en el fondo Dios es el gran misterio. No son las personas, no somos nosotros, no es el artista, es Él el que se dona en esos gestos y si el artista lo sabe, si es un artista de fe sabiendo eso entiende mejor cuál es su rol y puede intencionarlo mejor si quiere, no es necesario pero la fe para un artista le sirve para aportar sentido a lo que hace. En mi experiencia fue encontrarle sentido al trabajo del artista, la misión del artista.

-¿Qué elementos son importantes para un artista en la fiesta de La Tirana?

No sé si hay elementos, pero sí te podría decir que lo primero es estar frente a una experiencia intensa comunitaria y de una comunidad que no propia, son otras personas que viven con intensidad una experiencia histórica, profunda. En La Tirana no hay discriminación, la gente se muestra en la profundidad de su creencia, de su fe sin pedirte una autorización. Es totalmente gratuito para el que va, es un regalo. Eso es lo primero, la experiencia de vida.

En segundo lugar, es una experiencia artística porque modifica nuestra forma de ver tan académica y tan centrada en muchos asuntos que a veces son artificiales, cuando en verdad la experiencia del arte no puede ser sin estar enraizada fundamentalmente en la realidad.

Esta experiencia no cabe en el molde de lo que nosotros entendemos por arte, porque aquí estamos frente a la creencia de las personas. Son miles de personas que dedican su vida. Abuelos, padres que le enseñan a sus hijos que esta es la forma de vivir la vida, ojalá pudiéramos ser traspasados por esa experiencia profunda de que la vida tiene un sentido.

 

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-¿Cómo la Residencia Móvil La Tirana representará La Tirana a través de las obras?

La forma de retribución más cercana que nosotros podemos hacer es no quedarnos con la experiencia guardada sino que compartirla. Hacer algo en Campus Oriente que sea una lucecita de lo que fue para nosotros. No vamos a hacer La Tirana, no vamos a representarla pero por lo menos despertar la curiosidad o transmitir algo de lo que vivimos. Una forma de traerlo a la comunidad y que ese puente no sea encapsulado en una experiencia sino que hagamos algo que involucre a las personas, hagamos una actividad en que podamos compartir, no traer algo de allá sino que construir algo acá que señale una experiencia, un valor que encontramos allá y que fue la experiencia comunitaria de haber recibido algo gratuitamente.

 -¿Qué conclusiones pudieron sacar a partir de lo vivido?

Mi primera conclusión es que esto tiene que seguir, es súper importante, es súper valioso y hay que ampliarlo.

 -¿Cree que se puede lograr la aproximación entre arte y fe con la Residencia Móvil?

Ya es un hecho. Es un paso importante y lo estamos dando en un nivel muy básico. Hoy tenemos un punto de encuentro. La Residencia Móvil La Tirana es una experiencia de trabajar por la comunidad en intereses que se juntan, aquí tenemos un asunto que nos compete a ambos y ya está demostrado, La Tirana está detonando otros proyectos, estamos trabajando en la capilla de Campus Oriente, estamos extendiendo vínculos con Teología y con College.

 -¿Qué es La Tirana para usted?

Para mí es una experiencia personal. Es un movimiento espiritual súper importante, súper fuerte que tiene que ver con ampliar la mirada, la experiencia espiritual por el contacto con otros, me veo enriquecido espiritualmente, tengo una experiencia de Dios por el compartir con otros. Esa certeza, esa vivencia tan profunda e intensa ante esas personas que lo hacen con una devoción que envidio me enriquece a mí espiritualmente y me despeja muchas dudas y me aclara muchas cosas como persona pero también como creyente y ser espiritual.

En el plano académico, creo que hay una misión tremenda como profesor, yo soy un formador no sólo de artistas en técnicas de arte, soy un profesor, un decano en este caso, que le interesa que sus alumnos tengan una formación de personas profundas, completas e integral, que sean artistas agradecidos y conscientes de la relevancia del rol que juega el artista en la sociedad, en la línea de construir vías de aproximación del hombre con lo sagrado.

En el plano de investigación, también soy artista y creador. Para mí, La Tirana, la experiencia humana con los alumnos son fuentes de trabajo artístico también, quiero alimentarme de ahí para poder construir y colaborar humildemente desde mi taller a esa construcción de imágenes trascendentales, ventanas trascendentes que es el arte. Yo también tengo un desafío porque es una motivación, un empuje que algún día me llegó como vocación de hacer obras de arte que sirvan a otros para comprender mejor su mundo, a sí mismos, el entorno y para tener una experiencia de lo trascendente.

 

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